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Swan-Ganz o PiCCO: dos vías de monitorización en UCI

Cuando un paciente crítico continúa inestable pese a que ya hemos corregido la hipotensión inicial, ajustado la ventilación y revisado el balance de fluidos, el problema rara vez se resuelve colocando más monitores sin una pregunta clínica clara.

Actualizado15 de agosto de 2026
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Swan-Ganz o PiCCO: dos vías de monitorización en UCI

En ese punto, la discusión entre Swan-Ganz y PiCCO no es una competición entre tecnologías, sino una decisión sobre qué información necesitamos para entender la fisiología de ese paciente.

El catéter de arteria pulmonar ofrece un acceso directo a las presiones del corazón derecho y de la circulación pulmonar. PiCCO, mediante la termodilución transpulmonar y el análisis del contorno de la onda de pulso, aporta una lectura especialmente útil de los volúmenes intravasculares y del agua extravascular pulmonar. Son dos formas de mirar la misma situación hemodinámica desde ángulos diferentes. Por lo tanto, elegir bien exige conocer qué mide cada sistema, qué deja fuera y cuánto pesa su invasividad en el contexto concreto.

En el debate Swan-Ganz vs PiCCO para la monitorización hemodinámica, la pregunta más práctica no es cuál resulta superior de forma universal. Esa superioridad absoluta no está establecida para todas las etiologías de shock. La pregunta es otra: ¿necesito conocer con precisión las presiones pulmonares y la saturación venosa mixta, o necesito seguir la respuesta volumétrica, el gasto cardiaco y el agua pulmonar extravascular con una menor invasividad sobre las cavidades derechas?

Dos tecnologías que responden a preguntas distintas

El catéter de arteria pulmonar fue introducido en la práctica clínica en 1970 por Jeremy Swan y William Ganz, después de un diseño inicial desarrollado en 1967. Su recorrido explica tanto su valor como su carga invasiva: entra por una vía venosa, atraviesa la aurícula derecha y el ventrículo derecho y alcanza la arteria pulmonar. El balón flotante facilita el avance y permite obtener distintas mediciones a lo largo del trayecto.

PiCCO parte de una arquitectura diferente. Combina un catéter venoso central estándar con una línea arterial que incorpora un termistor, habitualmente situada en la arteria femoral o axilar. No es necesario canalizar directamente las cavidades derechas. La señal obtenida tras un bolo de termodilución permite estimar varios parámetros volumétricos; después, el análisis del contorno de la onda arterial ofrece una estimación continua del gasto cardiaco.

En términos sencillos, el Swan-Ganz describe con mayor detalle el circuito cardiopulmonar derecho y las presiones que lo atraviesan. PiCCO describe mejor la relación entre volumen, flujo y contenido de agua pulmonar. La diferencia no es menor, especialmente cuando el paciente tiene una combinación compleja de disfunción ventricular, vasoplejia, lesión pulmonar y necesidad de fluidoterapia muy contenida.

Parámetro clínicoSwan-GanzPiCCO
Gasto cardiacoMediante termodilución pulmonar; puede ofrecer medición continua según el sistema empleadoTermodilución transpulmonar y análisis del contorno de la onda de pulso
Presión arterial pulmonarMedición directaNo la mide directamente
Presión de oclusión de la arteria pulmonarMedición directa; orienta sobre el llenado del ventrículo izquierdoNo la obtiene directamente
Saturación venosa mixtaPuede medirse mediante muestra o monitorización compatibleNo equivale a una medición directa de SvO₂
Volumen telediastólico globalNo es su parámetro principalSí, mediante termodilución transpulmonar
Agua extravascular pulmonarNo es una medición propia del sistemaSí, estimada mediante termodilución transpulmonar
Invasividad sobre el corazón derechoRequiere atravesar aurícula y ventrículo derechos hasta la arteria pulmonarEvita la canalización de las cavidades cardiacas derechas
Dependencia de calibracionesDepende del método y del dispositivoEl gasto cardiaco continuo requiere calibraciones periódicas con bolos de termodilución

El calibre habitual de un Swan-Ganz es de 7,5 Fr. En PiCCO, la línea arterial con termistor suele ser de 5 Fr y aproximadamente 20 cm. Estos datos no convierten por sí solos a una técnica en mejor que la otra, pero ayudan a dimensionar el procedimiento y a anticipar las necesidades de acceso vascular, fijación, vigilancia y cuidados de enfermería.

La mejor monitorización no es la que entrega más números, sino la que permite tomar una decisión clínica que antes no podíamos tomar.

Lo que aporta el Swan-Ganz cuando las presiones son el centro del problema

Hay situaciones en las que conocer el gasto cardiaco no basta. Un mismo gasto puede coexistir con presiones pulmonares muy diferentes, una resistencia vascular pulmonar elevada o un fallo predominante del ventrículo derecho. En ese escenario, la información directa del Swan-Ganz conserva un valor difícil de sustituir.

El catéter permite medir la presión venosa central, la presión arterial pulmonar y la presión de oclusión de la arteria pulmonar. Esta última se utiliza como aproximación al llenado del ventrículo izquierdo cuando las condiciones de medida son adecuadas. También permite valorar la saturación venosa mixta de oxígeno, una variable que integra el equilibrio entre el aporte y el consumo de oxígeno de los tejidos.

Conviene no interpretar ninguna de estas cifras de forma aislada. Una presión de oclusión de la arteria pulmonar no es una fotografía completa de la precarga izquierda si existen alteraciones de la distensibilidad ventricular, ventilación mecánica con presiones elevadas, cambios importantes en la presión intratorácica o problemas técnicos en la oclusión. Del mismo modo, la presión venosa central no debe utilizarse como una orden automática de administrar o retirar volumen. El contexto fisiológico siempre manda.

Hipertensión pulmonar y fallo ventricular derecho

En la hipertensión pulmonar grave, la cirugía cardiaca compleja, determinados cuadros de fallo ventricular derecho y algunos pacientes en valoración pretrasplante cardiaco, disponer de una medición directa de la presión arterial pulmonar y de la presión de oclusión puede cambiar la interpretación del cuadro.

El ventrículo derecho tolera mal los aumentos bruscos de la poscarga. Cuando la circulación pulmonar está muy comprometida, administrar volumen para elevar la precarga puede terminar dilatando el ventrículo derecho, desplazando el tabique interventricular y dificultando todavía más el llenado izquierdo. Sin la información de las presiones pulmonares, podemos confundir una circulación insuficiente con una falta de volumen y agravar el problema tratando la variable equivocada.

El Swan-Ganz también permite estimar resistencias vasculares pulmonares a partir de los datos de presión y flujo. Esa posibilidad es especialmente relevante cuando necesitamos distinguir entre una alteración predominantemente precapilar, una congestión relacionada con el corazón izquierdo o una combinación de ambas. PiCCO puede aportar datos muy valiosos sobre el gasto cardiaco y los volúmenes, pero no mide directamente la presión pulmonar ni la resistencia vascular pulmonar.

Saturación venosa mixta: una lectura integrada del transporte de oxígeno

La saturación venosa mixta, obtenida en la arteria pulmonar, representa la sangre venosa procedente de diferentes territorios del organismo. No equivale sin más a una saturación venosa central, porque la muestra no procede del mismo lugar ni integra exactamente los mismos flujos.

En un paciente con shock complejo, esta diferencia puede importar. La saturación venosa mixta debe interpretarse junto con la hemoglobina, la saturación arterial, el gasto cardiaco, el lactato, la diuresis, la temperatura periférica y la evolución clínica. No es una cifra que dicte por sí sola la intervención, pero puede ayudar a comprender si el transporte de oxígeno es suficiente para las necesidades metabólicas globales.

La ventaja del Swan-Ganz, en este punto, es conceptual y técnica: ofrece acceso directo a esa muestra mezclada en la arteria pulmonar. PiCCO no proporciona esa misma medición directa. Por consiguiente, cuando la pregunta central se refiere a la extracción global de oxígeno o a la relación entre gasto y consumo, el catéter de arteria pulmonar mantiene una indicación razonable.

PiCCO: cuando el volumen y el agua pulmonar orientan mejor la estrategia

En la práctica diaria de la UCI, una de las decisiones más delicadas consiste en saber si una nueva intervención con fluidos puede mejorar la perfusión o si, por el contrario, aumentará la congestión y deteriorará el intercambio gaseoso. La exploración clínica, la ecografía, la respuesta a maniobras dinámicas y la evolución del paciente siguen siendo esenciales. Sin embargo, en cuadros complejos, la información volumétrica de PiCCO puede ordenar mejor el razonamiento.

La termodilución transpulmonar permite estimar el volumen al final de la diástole global, conocido como GEDV, y el agua extravascular pulmonar, o EVLW. El primero funciona como una aproximación al volumen de las cavidades cardiacas y de la sangre intratorácica, aunque debe interpretarse de acuerdo con las condiciones anatómicas y clínicas del paciente. El segundo ayuda a cuantificar el agua presente fuera del espacio vascular en el pulmón.

El EVLW resulta especialmente interesante en el síndrome de distrés respiratorio agudo y en el edema pulmonar no cardiogénico. No sustituye a la radiología, a la ecografía pulmonar ni a la valoración de la mecánica respiratoria, pero añade una dimensión cuantitativa a un problema que a menudo se sigue mediante signos indirectos.

El edema pulmonar no siempre se explica con una sola presión

La presencia de agua extravascular pulmonar elevada no identifica por sí misma el mecanismo del edema. Puede existir aumento de la permeabilidad capilar, sobrecarga hidrostática o una mezcla de ambos procesos. Por eso, el dato adquiere valor cuando se contrasta con el GEDV, la situación ventricular, la función renal, la respuesta a la diuresis, la ventilación y la evolución de la oxigenación.

En un paciente con SDRA, por ejemplo, la administración repetida de fluidos basada exclusivamente en una presión baja puede empeorar el intercambio gaseoso si el pulmón ya acumula agua extravascular. La cifra no decide la conducta de forma automática, pero obliga a formular una pregunta más precisa: ¿la intervención que estamos planteando va a mejorar el flujo efectivo o va a aumentar el peso de la congestión pulmonar?

PiCCO ofrece también variables dinámicas como la variación del volumen sistólico, que pueden ayudar a valorar la dependencia de precarga en condiciones determinadas. No obstante, estas variables tienen límites conocidos cuando el paciente presenta arritmias, respiración espontánea, ventilación con volúmenes corrientes bajos o alteraciones importantes de la presión intratorácica. La herramienta no pierde utilidad; simplemente deja de ser válida para algunas preguntas si se ignoran sus condiciones de aplicación.

El volumen no es una categoría moral —ni suficiente ni insuficiente—, sino una relación dinámica entre corazón, vasos, pulmón y tejidos.

Calibración, calidad de la señal y carga asistencial

Uno de los errores más frecuentes al comparar Swan-Ganz y PiCCO es hablar de precisión como si fuera una propiedad fija del aparato. En realidad, la calidad de la medición depende también de la indicación, la colocación, la señal, el momento clínico y la experiencia del equipo.

En PiCCO, el gasto cardiaco continuo obtenido mediante análisis del contorno de la onda de pulso requiere calibraciones periódicas con bolos de termodilución. Esta necesidad se vuelve especialmente relevante cuando cambia el tono vascular, cuando se administran vasopresores, cuando aparece una hemorragia o cuando se modifica de forma brusca la contractilidad. Un valor continuo que no se ha recalibrado después de una transformación hemodinámica importante puede dar una falsa sensación de exactitud.

La calibración no es un trámite administrativo. Es el puente entre la medición inicial y la estimación continua posterior. Si el sistema arterial cambia de comportamiento, la relación entre la onda de pulso y el volumen sistólico también puede cambiar. Por lo tanto, la lectura debe acompañarse de una vigilancia clínica activa y de una revisión de la señal.

En el Swan-Ganz, la complejidad se sitúa en otros puntos: el avance correcto, la identificación de las curvas, la interpretación de las ondas, la posición del balón, la obtención adecuada de la presión de oclusión y la prevención de complicaciones relacionadas con la manipulación del catéter. La técnica requiere una cultura de equipo muy sólida. No basta con que una persona conozca el procedimiento si el resto del circuito asistencial no sabe qué cambios deben comunicarse, cómo se protegen las conexiones o cuándo una curva deja de ser fiable.

La ergonomía también es una variable clínica

La monitorización avanzada modifica el entorno de trabajo. Añade cables, conexiones, alarmas, calibraciones, registros y decisiones. En una unidad con alta carga asistencial, cada elemento nuevo puede mejorar la seguridad o convertirse en una fuente de ruido, dependiendo de cómo se integre.

Con PiCCO, la línea arterial con termistor exige una fijación cuidadosa, protección del acceso y un protocolo claro para los bolos de termodilución. Con Swan-Ganz, la manipulación de un catéter que atraviesa el corazón derecho y llega a la arteria pulmonar reclama todavía más disciplina en la lectura de las curvas y en la comunicación de cualquier cambio de posición o arritmia.

La ergonomía no es un asunto secundario. Un sistema difícil de mantener, con conexiones mal organizadas o con responsabilidades difusas, aumenta el riesgo de errores y fatiga al personal. En consecuencia, antes de implantar una tecnología conviene revisar si la unidad tiene capacidad real para sostenerla: formación, disponibilidad de material, supervisión, documentación y tiempo para discutir los datos.

También debemos proteger a las familias de una comunicación fragmentada. Cuando un paciente lleva varios dispositivos y los profesionales hablan únicamente en términos de cifras, resulta más difícil explicar qué se está intentando averiguar y qué decisiones pueden derivarse de la información. El cuidado integral incluye traducir la complejidad sin prometer certezas que la monitorización no puede ofrecer.

Qué sistema encaja mejor según el perfil del paciente

La elección debe comenzar por la fisiopatología, no por la familiaridad del equipo con una marca o con una plataforma. En una UCI, la disponibilidad previa de formación y material pesa, por supuesto, pero no debería ocultar la pregunta clínica principal.

Shock cardiogénico con sospecha de fallo ventricular derecho

Si predominan la hipotensión, la congestión sistémica, la dilatación del ventrículo derecho y la sospecha de hipertensión pulmonar, el Swan-Ganz puede ofrecer información decisiva. La presión arterial pulmonar, la presión de oclusión, el gasto cardiaco y la saturación venosa mixta permiten construir una visión más completa de la interacción entre ambos ventrículos.

PiCCO también puede aportar datos de gasto cardiaco y volumen, pero no sustituye la medición directa de las presiones pulmonares. En este contexto, elegirlo como única herramienta podría dejar sin respuesta la pregunta más importante del caso.

Shock distributivo y necesidad de seguir la respuesta al volumen

En el shock distributivo, la discusión suele centrarse en la relación entre vasoplejia, volumen intravascular efectivo, gasto cardiaco y riesgo de sobrecarga. PiCCO puede ser útil cuando necesitamos integrar el GEDV, el EVLW y la evolución del gasto cardiaco, sobre todo si el paciente presenta lesión pulmonar asociada o una respuesta clínica difícil de interpretar.

Eso no significa que PiCCO deba utilizarse de forma rutinaria en todo shock séptico ni que la cifra volumétrica sustituya a la exploración. La decisión de administrar volumen debe apoyarse en la probabilidad de respuesta y en el riesgo de daño, no en una cifra aislada.

SDRA y edema pulmonar no cardiogénico

Cuando la lesión pulmonar es central, el EVLW puede ayudar a seguir la carga de agua pulmonar y a evitar que la estrategia hemodinámica ignore el pulmón. El dato se vuelve más útil si se interpreta junto con la oxigenación, la compliance, la presión de conducción, la ecografía, la radiología y el balance acumulado.

El Swan-Ganz puede seguir teniendo un papel si existe una duda relevante sobre la contribución cardiaca al edema o si necesitamos conocer las presiones pulmonares. La presencia de SDRA no invalida una herramienta ni convierte automáticamente a la otra en la opción correcta.

Politrauma y hemorragia

En el control de daños, las prioridades iniciales suelen ser la hemorragia, la perfusión, la temperatura, la coagulación y el control de la lesión. La monitorización avanzada debe incorporarse sin retrasar las intervenciones que salvan la vida. Una vez estabilizado el escenario inmediato, PiCCO puede aportar información sobre gasto cardiaco, volumen y agua pulmonar en un paciente que ha recibido grandes cantidades de fluidos y hemoderivados.

En el politrauma con lesión torácica, ventilación compleja o sospecha de lesión cardiopulmonar, el valor relativo de cada técnica dependerá de la pregunta que persista. No hay que convertir el dispositivo en el centro del caso: el sistema debe estar al servicio de la estrategia de reanimación.

Paciente en valoración pretrasplante o con hipertensión pulmonar compleja

Aquí el Swan-Ganz conserva una posición especialmente sólida por la medición directa de las presiones pulmonares, la presión de oclusión y la saturación venosa mixta. PiCCO puede complementar el seguimiento del gasto y de los volúmenes, pero no aporta toda la información necesaria para caracterizar la circulación pulmonar.

Una forma razonable de ordenar la selección es la siguiente:

1. Si la pregunta principal afecta a la presión pulmonar, la resistencia vascular pulmonar o el fallo ventricular derecho, el catéter de arteria pulmonar tiene una ventaja específica.

2. Si necesitamos cuantificar el agua extravascular pulmonar y seguir el comportamiento del volumen, PiCCO puede ofrecer una respuesta más directamente orientada al problema.

3. Si el paciente cambia rápidamente de estado, debemos valorar qué sistema permite recalibrar y reinterpretar los datos con mayor seguridad dentro de los recursos disponibles.

4. Si la unidad no tiene experiencia suficiente con una técnica, la indicación teórica pierde fuerza si no existe un circuito de formación, supervisión y respuesta ante complicaciones.

5. Si ambas preguntas son relevantes, no siempre hay que plantearlo como una elección excluyente; en casos seleccionados, una estrategia combinada puede tener sentido, aunque añade carga invasiva y asistencial.

Lo que no debe confundirse al comparar Swan-Ganz y PiCCO

PiCCO no es un Swan-Ganz menos invasivo. Es otra plataforma de monitorización, con otras variables y otra relación con el sistema circulatorio. La menor invasividad sobre el hemicardio derecho es una ventaja importante, pero no convierte al sistema en equivalente para la medición de presiones pulmonares.

Del mismo modo, el Swan-Ganz no es una tecnología obsoleta por el hecho de ser invasiva. Su utilidad persiste en escenarios donde necesitamos conocer directamente la fisiología pulmonar y ventricular derecha. Presentarlo como un dispositivo antiguo que debe desaparecer simplifica en exceso una decisión que, en realidad, depende del perfil del paciente y de la experiencia del equipo.

Tampoco debemos asumir que un número más preciso conduce automáticamente a un mejor desenlace. No está establecida una superioridad absoluta de PiCCO frente a Swan-Ganz en la reducción de la mortalidad global a 30 días para todas las etiologías de shock. La tecnología puede mejorar la descripción del problema; la repercusión clínica dependerá de si esa información modifica una intervención adecuada y de si dicha intervención llega a tiempo.

Hay además un riesgo de sobreinterpretación. GEDV, EVLW, variación del volumen sistólico, presión de oclusión y gasto cardiaco no son compartimentos independientes de la realidad. Se influyen entre sí y están condicionados por la ventilación, el tono vascular, la función ventricular, la temperatura, el ritmo cardiaco y el tratamiento recibido. La lectura madura no consiste en elegir el dato que confirma nuestra hipótesis, sino en comprobar si el conjunto de datos la sostiene.

Una decisión de equipo, no de dispositivo

En las unidades de cuidados intensivos, la indicación de una monitorización avanzada debería poder explicarse en una frase clínica. No basta con decir que el paciente está inestable. Hay que formular qué incertidumbre queremos reducir: si el ventrículo derecho está fallando contra una circulación pulmonar de alta resistencia, si queda margen para administrar volumen, si el gasto cardiaco es insuficiente pese a una presión arterial aceptable o si el edema pulmonar está creciendo aunque la presión de llenado no parezca elevada.

Esa frase ayuda a evitar dos extremos. El primero es colocar un sistema porque la situación impresiona y necesitamos hacer algo. El segundo es retrasar una herramienta útil por temor a que su complejidad implique reconocer que el caso exige más recursos. En ambos extremos se pierde el foco: la monitorización debe aclarar decisiones, no decorar una incertidumbre.

La elección también debe incluir una conversación sobre el mantenimiento. ¿Quién calibra? ¿Quién interpreta las curvas? ¿Qué datos se registran? ¿Cuándo se repite la termodilución? ¿Qué cambios obligan a revisar la fiabilidad? ¿Cómo se comunica una nueva alteración al equipo médico y de enfermería? Estas preguntas pertenecen a la seguridad del paciente y a la prevención del desgaste profesional, porque un dispositivo sin circuito organizativo acaba recayendo sobre la persona que está de guardia y conoce mejor el sistema.

Desde la coordinación, prefiero que el equipo acuerde previamente un lenguaje común. No se trata de convertir la UCI en una sala de protocolos rígidos, sino de reducir la variabilidad evitable. Una medición difícil de interpretar no debería generar cinco lecturas distintas según quién la mire. La experiencia acumulada ayuda, pero la experiencia compartida protege mucho más.

La elección correcta es la que deja menos preguntas relevantes sin respuesta

Swan-Ganz y PiCCO no representan dos escalones de una misma tecnología. Son dos vías de acceso a la fisiología del paciente crítico. El primero ofrece mediciones directas de las presiones derechas y pulmonares, de la presión de oclusión de la arteria pulmonar y de la saturación venosa mixta. El segundo combina la termodilución transpulmonar con el análisis del contorno de la onda de pulso para estimar el gasto cardiaco, los volúmenes intratorácicos y el agua extravascular pulmonar, con menor invasividad sobre el corazón derecho.

En el shock cardiogénico con fallo ventricular derecho o hipertensión pulmonar, la información del Swan-Ganz puede ser determinante. En el SDRA, el edema pulmonar no cardiogénico o los cuadros en los que la estrategia de fluidos es especialmente delicada, PiCCO puede aportar una lectura volumétrica de gran utilidad. En los dos casos, la calidad de la decisión dependerá de la calibración, la técnica, la interpretación conjunta y la capacidad del equipo para traducir los datos en acciones.

Mi recomendación, por lo tanto, es empezar siempre por la incertidumbre fisiológica y no por el dispositivo disponible. Cuando el equipo sabe qué quiere medir, qué limitaciones acepta y qué decisión cambiaría con el resultado, la tecnología deja de ser una carga añadida y se convierte en una herramienta de cuidado. Y cuando esa pregunta está bien formulada, la monitorización hemodinámica en UCI se vuelve más segura, más humana y también más honesta con el paciente y con quienes lo acompañan.

Preguntas frecuentes

¿Qué sistema es mejor para monitorizar el fallo del ventrículo derecho?
El catéter de arteria pulmonar (Swan-Ganz) es más adecuado, ya que permite medir directamente las presiones de la arteria pulmonar y la presión de oclusión, fundamentales para evaluar la interacción entre ambos ventrículos.
¿Cuándo es preferible utilizar PiCCO en un paciente crítico?
Es preferible cuando se necesita cuantificar el agua extravascular pulmonar y seguir la respuesta volumétrica con menor invasividad sobre las cavidades derechas, siendo útil en casos de SDRA o edema pulmonar no cardiogénico.
¿Es necesario calibrar el sistema PiCCO?
Sí, el gasto cardiaco continuo obtenido mediante el análisis del contorno de la onda de pulso requiere calibraciones periódicas con bolos de termodilución, especialmente tras cambios en el tono vascular o la administración de vasopresores.
¿Qué aporta el Swan-Ganz que no ofrece PiCCO?
El Swan-Ganz proporciona mediciones directas de la presión arterial pulmonar, la presión de oclusión de la arteria pulmonar y la saturación venosa mixta, datos que PiCCO no mide de forma directa.